Transitando el camino

el faro

Transito el camino sin plantearme ya  qué debe haber en él. Quimeras de una mente que tanto me ha hecho sufrir! Bienvenido lo que viene, bienvenido lo que me enseña y lo que de mi se lleva. Bienvenido lo que me deja. Aprendizajes sagrados que me llenan de Dios en cada inspiración y  manifiestan la vida en cada espiración.

Transito el camino con rumbo fijo en el horizonte… la luz de mi alma como faro y en la memoria un futuro que viene preñando cada instante de presente.  Discípula eterna de un Universo que en cada piedra me enseña a confiar en mí y a saber que ese futuro que existe y ya pasó me requiere confiada, alegre, sintiente, combativa y decidida.

Transito el camino llenando el corazón a cada paso, vaciando el espacio de la mente mientras comulgo con la vida. Comulgo con la vida incorporando a mi consciencia el alma de las cosas, creciendo de ese modo cada día. Creciendo en amor. 

Transito el camino, llena de amor y vacia de existencia y como alguien me dijo en una ocasión, vacia está mi casa con las puertas abiertas, pero  con la luz encendida en su interior.

Transito el camino y doy las gracias por ello cada día!

 

…comprendiendo un poco mas!

rompiendo-barreras

Todo aglutinado intensamente… experiencias profundas que se quedan donde deben, en el haber, convirtiendo la existencia en un disfrute donde cada segundo manifiesta el universo, sin saber si quiera lo que eso va a deparar, pero en donde la atención cuando la mente no juega te hace sentir la vida que discurre a través de tí.

Igual que pasa con las enseñanzas, que tienen distintos grados de profundidad dependiendo del momento personal cuando te llegan, con la vida pasa igual (… y qué es la vida sino una enseñanza…) , pues dependiendo del nivel de consciencia que tengas en un momento determinado pasarás por una experiencia concreta obteniendo un resultado u otro, creciendo de una manera o de otra… o no creciendo en absoluto. Por eso es que lo que hoy es verdad para mí tal vez mañana deje de serlo.

Y es en este sentido en el que he descubierto que cuando te enfrentas a tus miedos  independientemente del resultado final,  encuentras que hay algo en ti que no cambia, ni se destruye ni se siente si quiera amenazado. Tenemos miedo porque de alguna manera sentimos que “algo” (ya sea físico o emocional) nos va a llevar al borde de la desaparición. Sin embargo cuando te enfrentas a los miedos emocionales descubres que por mucho que te zarandeen, hay algo que permanece inmutable, algo en tu interior que no se ve zarandeado. Esto trae a la vida una enorme sensación de alivio y tranquilidad, lo primero porque por mucho que emocionalmente duela, en realidad, ya no es “a ti” a quien le duele, sino a una mas de las creaciones de la mente, de las fracciones del ego y lo segundo, porque  como mucho, sería ese “yo” inventado el que desaparecería.

Pero no ha sido eso lo único. Hay mas. Con demasiada frecuencia damos  entidad y veracidad a realidades tan subjetivas que sólo existen dentro de nuestra mente. Imaginamos e inventamos reacciones y relaciones con personas como si fueran un absoluto sin darnos cuenta que son creaciones que hacemos  para satisfacer y tratar de alimentar a egos que se sienten incompletos. Qué mal entendemos la existencia cuando nos obcecamos ahí… !

Y en medio de esa vorágine, conversaciones que mantenidas en un momento mágico despiertan en tu interior certezas poniendo palabras a verdades al fin digeridas.  Y es que como decíamos ayer charlando con una maestra y amiga, si realmente nos diéramos cuenta de que somos como gotas del océano… viviríamos sabiendo que qué mas da lo que a la gota le pase si representa una nimiedad en comparación con la inmensidad del océano… y al mismo tiempo, la gota es el océano, existe con toda su esencia, nada que tenga el océano no está contenido en la gota! Entender y sentir eso cambia la forma de afrontar todo lo demás!

Cómo no sonreír entonces! Cómo no amar si, como tú, tengo en mi la esencia de TODO

Lo que de verdad necesitamos vivir.

camino

Ocurrió hace muy poquito. Ocurrió al tomar consciencia de un hecho que zarandeó mi estabilidad haciéndome sentir cómo cientos de puñales se clavaban en mi corazón. Fue tan grande el dolor que renegué del camino recorrido, renegué de todo lo vivido y de todo lo sentido.

Entonces opté por sentarme conmigo y al permitirme observar comenzó a mostrarse ante mí una certeza inmensa que fue tornando lágrimas en sonrisas de esperanza y que fue haciendo brotar de nuevo el agradecimiento en mi corazón. Y aunque el dolor persista, ya no hay sufrimiento.

Y es que hay veces que lo que tú esperas de la vida y lo que la vida te trae son diferentes. Lo que  tú esperas siempre se basa en anhelos de futuro, en proyecciones de tu mente imaginando aquello que necesitas y creando en ti un deseo de lo que supuestamente has de tener/vivir/experimentar para alcanzar la felicidad.

Sin embargo, la vida no funciona así. El universo va poniendo delante tuyo aquello que necesitas vivir, bien para aprender las lecciones que has venido a aprender o para experimentar las consecuencias de las acciones que has tomado. No como si fuera un premio o un castigo, sino mas bien siguiendo esa ley universal de la causalidad que dice que a toda acción le sigue siempre una reacción.

Cada vez que sientas que se produce un escozor en tu interior ante determinados acontecimientos que la vida te trae, no te permitas sumirte en ese pozo oscuro de dolor o tristeza. No te lo permitas, al menos sin antes tratar de entender qué es lo que la vida te está intentando mostrar y qué es lo que tu sientes que quieres experimentar. Y sí, como digo “…. no te permitas sumirte”, porque sí, somos nosotros los que lo permitimos o no. Tenemos por supuesto el control sobre lo que sentimos. Cuantas veces he oído eso de …. !ay hija, es que no puedo evitarlo! Falso. Argucia de nuestra mente para desproveernos del control sobre nosotros mismos… Sí, claro que podemos evitarlo, otra cosa es que cueste hacerlo. Pero está en nosotros y es nuestra elección.

Porque es cierto que nadie elije voluntariamente aquello que le va a hacer sufrir. Pero este sufrimiento es la consecuencia que tiene sobre nuestro sistema emocional el empeño en ir contra lo que la vida nos va trayendo. No elegimos sufrir, es cierto, pero elegimos ir contra corriente…. y al tomar esa decisión que nos aleja de la armonía experimentamos las consecuencias que nos hacen sufrir.

Este es uno de los trabajos interiores que cada uno debe hacer consigo mismo que seguramente mas costoso y doloroso sea, al menos lo es para mi. Porque a veces incluso supone tener que renunciar al propio camino interior … para recorrer el verdadero camino interior. Renunciar al camino interior que nuestra mente ha diseñado como necesario….,  para recorrer el camino interior que nuestro ser necesita para ir acercándonos a él. 

Para poder emprender ese camino necesitas soltar, soltarlo todo, creencias, sentimientos, ideas y ponerte realmente en manos del Universo, de Dios, del Do, de la Fuente, de aquello en lo que creas lo llames como lo llames, sabiendo que ante tí aparecerá aquello que te hará crecer de verdad. Y así será que comenzarás a sentir armonía entre lo que tu corazón siente y lo tú mente piensa.

Así, cada vez que sientas en las entrañas el enfrentamiento entre lo que crees que debería ser y lo que es, cada vez que sientas que la vida está siendo “injusta contigo” y te empeñes una y otra vez en vivir aquello que el destino parece negarte …. para y analiza. Suelta y confía en que lo que la vida te va a traer es lo que realmente tu Ser necesita, aquello que en algún momento pactaste contigo mismo para experimentar

El instante que es

la eternidad en un instante

Aprendiendo cada día, aprehendiendo a vivir en cada esquina, que si no aprendo muero en cada hoy. Y así, aprendiendo cómo en cada paso caminado se volcaron los anhelos que llenaron un momento y que alimentaron un presente, culminando de regalos una existencia que amó hasta doler y que ahora se convierte en lecciones que aprender para desanclar lo que ya fue y dar paso a lo que nace. Curiosa lección de vida que enseña que nada puede nacer si no hay hueco, y no hay hueco si no vaciamos y aireamos el espacio.

Y eso que nace, que llega preñado de posibilidades, momentos eternos por plasmar en una realidad incierta y  llena de esperanzas en donde la sonrisa incipiente cura al corazón herido si éste aun no ha aprendido lo efímero del momento donde la  eternidad se manifiesta porque la eternidad es el instante en el que vives en tu  corazón, porque ahí todo cabe y todo es.

 

El camino que recorremos


zapatos

Cuando algo zarandea tu día y te hace empezar a recorrer un camino interior lo haces buscando encontrar lo que eres. Con suerte en el camino aprendes que lo que en verdad eres está oculto por lo que crees ser, debajo de lo que manifiestas a través de todos los yoes que conforman tu  “personalidad”.

       Suele ocurrir que para recorrer ese camino que nos va a llevar a descubrir nuestra esencia y manifestar nuestro Ser, calzamos lo único que tenemos a mano, esos zapatos que utilizamos día tras día, sucios de nuestras miserias, deformados por el andar, adaptados a lo que nos trae la vida, moldeados para adaptarnos a lo de fuera. Y aquí surge un problema. El calzado que nos ponemos nos da la falsa creencia de ser la personalidad que lo ha moldeado y domado.

        Es un arma de doble filo, porque una de las consecuencias que tiene trabajar con las herramientas del ego es que nos identificamos con nuestros yoes, sin darnos cuenta que precisamente esa identificación está impidiendo encontrar lo que buscamos…. porque no se puede trascender la mente utilizando la mente. Y a lo que somos no se puede llegar desde la mente.

       Y así, en múltiples ocasiones nos sentimos heridos, sentimos dolor cuando lo que en todo caso ha sido dañado no es más que algo tan irreal como una imagen que hemos construido de nosotros mismos. No es lo que somos, no es lo que estamos buscando. Porque lo que somos es indestructible. Y para encontrarlo no necesitamos llevar ningún calzado, no necesitamos buscar, porque ya lo somos, está dentro de nosotros.

 

LA PEOR DE LAS DICTADURAS

Abrumado por el peso de la mente             Aquella en la que te engañan con la falsa ilusión de la libertad, de que eliges lo que quieres, de que así aprendes el respeto a las mayorías…. Pero es en el fondo aquella que te acalla, que te distrae del camino para impedirte manifestar lo que debe ser manifestado. Porque el poder sigue estando en nosotros y sólo hay una forma de arrebatárnoslo, haciéndonos creer que no lo tenemos, haciéndonos creer que necesitamos ser salvados y protegidos.

Vivimos en los tiempos del miedo, miedo de los unos no vaya a ser que  el pueblo exprese y se materialicen realidades que mermen cotas de poder robado. Miedo de los otros, no vaya a ser que con lo “dura que está la supervicencia” si hablamos mas de la cuenta terminamos engrosando esas listas del paro o lo que es peor, pasando a tener expedientes negativos en vaya a saber usted que extraña Dependencia.

Aunque ya mayor, soy lo suficientemente joven (…y no me refiero a la edad de mi corazón, que por supuesto lo es) como para no haber vivido apenas esa dictadura que durante tantos años paralizo de miedo a mis padres y familiares…. pero cada día que pasa la parálisis que veo sigue creciendo y el miedo incrementándose. Y ahora es peor que antes porque ahora es   parálisis consentida y miedo que viste una falsa sensación de libertad maquillada de falsa idea de responsabilidad.

La peor de las dictaduras, aquella en la que te hacen creer que tu libertad depende del sistema. Nadie puede robarnos nuestra esencia y nuestra esencia es creadora, tenemos el derecho a manifestar y el poder de hacerlo cuando nos rige el corazón, cuando vivimos en AMOR:  Porque ellos saben el valor que tiene la palabra y nos lo quieren robar.

“Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras; 

cuida tus palabras porque se volverán acciones;

cuida tus acciones porque se volverán hábitos;

cuida tus hábitos porque se convertirán en carácter;

cuida tu carácter porque se convertirá en tu destino.

Así pensamos, así devenimos”

Mahatma Gandhi.

Mahatma Gandhi

¿Y SI ELIGES JUGAR LA VIDA?

Puedes elegir, sí, puedes hacerlo. Puedes elegir lo que vas a manifestar en tu presente, pero dessaltando en el aguade luego puedes elegir cómo eso que se manifieste va a afectar a tu estar. Porque puedes decidir mantenerte en tu centro o puedes elegir dejarte llevar arriba y abajo como una montaña rusa.

Y cada vez que sientas que te has equivocado, no te hundas. Porque si piensas que es lo que te llevó a “equivocarte” y encuentras aquello que aprendiste…. entonces la equivocación se convertirá en aprendizaje. Porque nos pasamos la vida aprendiendo, no equivocándonos. Sólo tu decides si te equivocas o aprendes,

Y cada vez que sientas que estás en lo alto, tampoco te dejes arrastrar. Entiende que eso que te hace estar tan alto es algo cambiante, tan cambiante que al instante siguiente puede ya no estar. Disfruta entonces del momento, vívelo en toda su intensidad, pero no te aferres a él. Y entonces disfrutarás de todo sin sufrir.

Porque sí, porque puedes elegir. Porque eres dueño de tí, porque eres dueño de tu vida, puedes elegir vivir, ser feliz, puedes elegir jugar la vida.
Juega y ama

Tomando las riendas

        A veces los acontecimientos de la vida “nos ocurren” haciéndonos sentir marionetas sin control. Son esos momentos de inconsciencia, en los que somos meros espectadores en lugar de protagonistas. Y la diferencia, que surge del simple hecho de tomar consciencia de dónde estás de qué haces aquí y de cuál es el objetivo que persigues, marca la diferencia.

En el primero de los casos, los días se van sucediendo cargados de hechos que sientes ajenos, y que normalmente llenan tu día de incomprensión, sufrimiento o hastío. En el mejor de los casos, te hacen disfrutar pero luego al acabar el vacío que dejan es tan grande que comienza una espiral de sufrimiento desbocado.

          Nada de eso es vivir. Vivir es tomar las riendas, es crear tu película, es tener claro el objetivo y saber que TODO lo que ocurre, TODO lo que llega, TODO lo que experimentas es un aprendizaje que te acerca a eso que persigues. Así, en cada esquina, en cada paso dado, en cada ser que se cruza aparece siempre un maestro que te ayuda a crecer, como si estuviera puesto ahí por algo. Y es que es así, porque así funciona el universo. Todo lo que llega a tu vida, lo hace por afinidad y cualquier persona que se cruce siempre va a mostrarte aquello de tí que necesitas aprender. Ahora puedes buscar al maestro en todo, implicarte hasta los tuétanos y crecer o simplemente pasar de largo y subsistir.

A veces hace falta un zarandeo, algo que agite los cimientos. Cuando pones consciencia en tu vivir, nada ocurre por casualidad y ese “a veces” hace que para sentir de verdad la plenitud en tu vida, la plenitud del A.M.O.R, necesites primero soltar, llorar, gritar desconsoladamente y después entender que nunca poseíste nada, sólo experimentaste lo que tocaba y te llenaste hasta rebosar con la experiencia, y que ahora no hay nada que llenar porque nada está vacío, nunca lo estuvo, nunca podrá estarlo mientras el latir de tu corazón te recuerde que sigues aquí. Y entonces entiendes que amar es el estado natural, sin nada que esperar, sin nada que pensar, sin nada que objetar…. Y entonces es cuando EMPIEZAS A VIVIR.

LA ÚLTIMA LECCIÓN

ACORN     

La última lección, la más difícil de todas, la que te enfrenta a ti mismo. Desnuda el alma,  te encuentras sola y desprotegida en el borde del abismo.  Nada  te separa de la infinidad del todo, de la infinitud de tí.  En realidad siempre ha sido asi, pero ahora eres tú, tú enfrentada a ti. No enfrentada al mundo, no, enfrentada a ti. 

Saltar o no, seguir camino o no, es ahora tu elección, ésa que va a marcar el devenir de tu tiempo. Hasta aquí has reído y disfrutado cada piedra del camino pero también has llorado con cada cubierta que se rompía, que cual capas de cebolla te envolvían impidiendo permear la vida.

Aun no sabes  si todas las piezas de ese puzle que has roto en mis pedazos, que has intentado entender y aceptar, pueden ahora reunirse para expresar la esencia del AMOR. Primero tienes que saltar. El abismo te espera, pero elijas lo que elijas el tiempo ha  pasado y como reflejo de su impermanencia te regala una realidad  donde nada es lo que ha sido y donde aprender llega convertido en algo necesario como lo es respirar.

Nada tienes, a nada perteneces, nada eres. Y eliges, eliges saltar a ese abismo confiando en que las alas, antes o después, se abrirán elevándote majestuosa sobre el cielo azul, mezclándote con el, difuminándote en él hasta ser parte de él, hasta SER sólo la esencia del  AMOR.