Palpitando

 
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Y sientes el horizonte entero en tu corazón, sin saber cuál es su origen pero con la certeza interior que sea lo que sea es real, que está ahí y no importa lo que genere ni qué lo genere porque te vale lo que está en ti, creciendo, expandiéndose, brotando de tus ojos, de tus manos, de tu voz. Entregando al mundo aquello que no te pertenece porque es de la Madre de quién lo tomaste prestado..

En esos momentos ya no eres siquiera un corcho flotando en el mar, eres el agua en esencia, brava y serena a la vez, que perméa todo, que ocupa todo,  que llena el espacio…

Y si puedes sentir así puedes vivir así. No busques qué lo ha ocasionado, ayer fue una mirada, hoy una sonrisa, ayer tal vez una experiencia, hoy un silencio. No busques porque no está fuera sino que mora dentro en lo más íntimo. Es tu corazón que henchido, expandido, conecta la vida de fuera con la de dentro y convierte  a cada ser en su proyección más hermosa.

En cada latir, una vida entera; en cada latir un s
oplo de esperanza. La humanidad entera en tu corazón, la vida entera que fluye en tu interior… y en cada latido, al expandirse, miles de rayos que iluminan y al contraerse recogiendo con fuerza cualquier pequeño desorden que con  amor requiera ser sanado.

No busques el origen, está en tu corazón. Simplemente reconoce la inocencia, reconoce el palpitar, deleita tu vida con esas caricias  y engancha tu mente a ellas para que desde ahí, la mente se rinda a la magia del amor. Del amor a ti, del amor a la vida, del amor que transforma y que transforma una existencia en la razón para nacer.

Y a poco ya es suficiente el aleteo de la mariposa para despertar al corazón dormido y comenzar el juego de la inocencia que a través del amor transforma en paz todo el dolor que entra y en felicidad plena el juego de existir.

La más profunda aceptación

despertar

“Ayer creíste estar despierto. Pero hoy te diste cuenta que habían oleadas de dolor, miedo, cansancio, soledad, aburrimiento, pena o frustración surgiendo en ti, sin previo aviso. Amigo, nada de esto es un enemigo, ni tampoco un signo de tu fracaso, sino viajeros exhaustos, anhelando la íntima calidez de tu presencia. No ignores a tus visitantes, no te distraigas con comida, internet, drogas, compras o con el próximo ‘subidón’ espiritual. Recuerda tu compromiso original de encontrarte con la vida bajo sus propios términos. Tómate el tiempo de recibir a estos visitantes, estas partes de ti mismo que habías ignorado; contáctate con ellas a través de tu cuerpo para que puedas darles vida en donde quiera que aparezcan. La Resurrección está muy cerca. 

No te olvides de ti mismo cuando más te necesitas. Rompe el ciclo de abuso justo en donde comenzó. Abraza el dolor, el miedo, la soledad como abrazarías a tu hijo recién nacido. Los visitantes no se quedarán para siempre, tampoco se irán cuando tú digas, porque son anteriores al libre albedrío o a la ausencia de éste. Los visitantes desean tu presencia, desean ser vistos como olas en la inmensidad de tu océano, no como amenazas para la consciencia, sino como expresiones de la consciencia. 

A las sensaciones hormigueando, ardiendo, danzando en tu estómago, pecho, garganta, susúrrales: ‘Estoy aquí. No las abandonaré. Hay dignidad en su danza, mis pequeñas…’. 

– Jeff Foster