¿Y si yo te dijera?

Ojala!  Ojala pudiera decirte, ahora que estás empezando a recorrer lleno de ilusión tu camino interior, que va a llegar un momento en que nada de fuera logrará hacerte perder el centro. No es así como está ocurriendo conmigo y por tanto no es ese el mapa que puedo compartir contigo… porque sí, a  veces pierdo el centro, a veces las cosas de la vida me revuelven y me generan dolor y, a veces, siento tristeza.

Y es posible que cada una de esas cosas que la vida me trae y que me hacen perder mi centro, puede que me muestre el camino que aún me queda por recorrer, seguro, pero ante todo son en realidad un regalo maravilloso con el que el Universo me obsequia y que, recibido conscientemente, me permite precisamente conocer  todo aquello que aún está atascado dentro de mí. Sí, porque todo aquello que me duele no es sino la manifestación de todas esas heridas que dejaron en mi las lecciones no aprendidas.  

Pero algo muy importante cambia con el camino recorrido y la experiencia acumulada y eso, sí lo puedo compartir contigo, sólo por si te vale. Y es que cada vez que mi “mente de mono loco” me domina, cada vez que el monito loco de mi mente me juega las malas pasadas que me hacen salir del equilibrio, me paro y ya no me enfado conmigo, menos aún con el mundo, no me enfado si quiera con mi mente… porque ahora ya sé que la vida es perfecta como es, y que es simplemente mi mente la que me hace alejarme del cauce del río por el que todo transcurre fluyendo en equilibrio.  Incluso ahora ya ni siquiera me importa alejarme de ese cauce, porque sé que al hacerlo, al sentirlo, al prestar atención a aquello que me ha hecho salirme de la corriente es como voy a encontrar lo que tengo que pulir, limpiar, educar…

Hace tiempo me dí cuenta que es en el desequilibrio cuando entiendo el valor de estar en el centro y por eso, incluso cuando el dolor me invade, cuando la mente me arrastra sé que es un regalo, uno mas, que la vida pone ante mí y que tomarlo como lo que es, representa mi responsabilidad y también, por qué no, mi compromiso.

Esa vida que el universo me regala cada día me está enseñando que recorrer así el camino me hace experimentar la paz interior porque ahora ya no hay culpables y no los busco, ahora ya no hay “si yo hubiera…” ahora ya no hay un “si las cosas fueran de otra forma” ni un “si yo pudiera”… No ahora lo que hay es un regalo frente a mi… un regalo que no es otro que yo experimentando cómo la vida me muestra donde trabajar(me).

Por eso, a día de hoy, no puedo decirte que ya no pierdo el centro, pero sí puedo asegurarte que perdiendo el centro es cómo encuentro las claves para deshacer los nudos de mi alma.

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