Saliendo de prisión

Leía hoy que “comienzas a ser libre cuando te das cuenta que la cárcel estaba hecha de pensamientos“. Y no nos damos cuenta de cómo nos secuestra esta cárcel hasta que no nos damos cuenta de su naturaleza, pero incluso entonces esos pensamientos, convertidos en rígidos barrotes, nos siguen lastrando y limitando nuestra libertad. ¿qué hacer entonces? Si somos conscientes de que es la mente la que crea la barrera ¿cómo deshacernos de ella? ¿basta con darnos cuenta? Desde luego es el primer paso, pero no el único a tomar.

No vamos a engañarnos, no es tarea fácil y seguramente requerirá un trabajo de atención permanente por nuestra parte. Pero es el trabajo más importante que vamos a desempeñar en nuestro transitar por estas lindes y sin duda, un trabajo apasionante porque nos va a llevar a conocer los entresijos de nuestros comportamientos y los fundamentos de eso que llamamos nuestra personalidad

Lo primero es reconocer con qué nos identificamos. Esos pensamientos siempre surgen bajo el paraguas de la protección a un yo irreal. No es que ese yo sea irreal porque nosotros no existamos, por supuesto que existimos ¿acaso no sientes el frescor de la brisa en la mañana? ¿acaso no sientes la ternura al ver a un bebé sonreír? ¿o el dolor cuando desaparece un ser querido? Nuestra existencia es real, lo que no lo es, en cambio, es la idea que montamos en torno a nosotros mismos, el personaje que hemos construido para transitar por esos senderos que la vida pone ante nuestros pies.  Esos barrotes son los primeros que nos atrapan, los primeros que nos limitan a varios niveles. Por un lado porque la construcción del yo suele basarse en la comparación con otros “tues” que consideramos mejores, o incluso a veces peores. En la comparación con el otro sustentamos nuestra identidad. Y de ahí, en la necesidad de pertenencia a la tribu.

Pero además, hay otros barrotes que también crean una poderosa cárcel de la que no es fácil salir, y aunque muy relacionado con lo anterior, los pensamientos crean un decorado a la existencia que no es real, interpretando siempre aquello que aparece no solo en nuestro entorno físico sino también en la esfera de la relación con los demás. Y así, como Quijotes luchando contra molinos de viento, terminamos creyendo a pie juntillas ataques, riesgos y afrentas por doquier. 

¿Sientes que alguna vez te ha ocurrido?

La buena noticia es que se puede salir de ahí, no sin trabajo personal, pero se puede. Un primer paso siempre es darnos cuenta, de que esto es así. Te invito a hacer la siguiente prueba en ti mismo, en tu laboratorio interior. Presta atención y cada vez que notes una reacción en tus entrañas,  pregúntate ¿esto es real o lo ha creado mi mente? Y si la respuesta es que se trata de algo real, la pregunta a continuación es si tu respuesta emocional es proporcional.

Comienza a disfrutar indagando en lo que hay dentro de ti.