El personaje y el yo

Hoy es un buen momento para observar lo que ocurre en el interior, sin rechazo ni aferramiento, sin ni siquiera explicación. Por supuesto ésa es buena, el análisis es bueno y necesario, pero déjalo para mas adelante, para otro momento. Hoy no, hoy solo observa qué está ocurriendo dentro, y como un niño descubre cada cosa que en tí acontece porque sí, porque es la primera vez que ocurre… y al tiempo, no volverá a ocurrir.

Importante práctica esa que con demasiada frecuencia relegamos, pese a que todos, de un modo u otro, intuimos su importancia. Y posiblemente deberíamos entregarnos a esa observación como una de las más importantes tareas de nuestro día, y en lugar de ello alejamos continuamente nuestra conciencia del presente.

Nuestra existencia está siempre en el presente, es ahí donde vivimos y es ahí donde la vida ocurre… en el presente, no podemos estar en otro sitio, en otro espacio, en otro tiempo. No existe. Pero nuestra conciencia raramente lo hace, nuestra conciencia por el contrario habita con demasiada frecuencia en el pensamiento, y ahí, en el pensamiento genera permanentemente una narrativa y una historia que tiene un yo, protagonista al que ha de mantener. Es el pensamiento y la narrativa que este crea el que nos hace sentir la separación entre lo que la vida es y lo que yo siento que soy. Porque ese yo siempre es construido en base a recuerdos, en base a experiencias pasadas (vividas o imaginadas, personales o colectivas) y expectativas creadas. Experiencias y expectativas que modelan los recuerdos y los construyen a la medida del personaje.

Y si esto es así, y si finalmente yo interiorizo que lo que creo ser no es mas que una construcción mental, como seguramente lo he interiorizado ¿por qué, acaso, no renunciar a esa construcción mental y fundirme con algo tan bello como lo es la propia existencia? Es cierto que posiblemente ese sería el objetivo lejano que, tal vez, un día alcancemos.  Sin embargo, la gran mayoría de nosotros no podemos renunciar a esa creación  de la mente, a esa narrativa con la que hemos dotado a una imagen del yo puesto que, de algún modo, es nuestra herramienta para transitar por este mundo y relacionarnos con él.

Cada vez estoy más convencida de que cualquier consejo que trate de hacerte renunciar a tu yo está seguramente abocado a generar en ti frustración, porque no lo conseguirás, y con la frustración, sufrimiento y desvalorización propia. Seguirás viviendo identificado con un yo creado, inmerso en esa narrativa que tú mismo montas, solo que ahora, además con una etiqueta más, la de incapaz de alcanzar un estado más elevado de autoconocimiento y autoperfeccionamiento.

¿Qué hacer entonces? ¿Estamos destinados a fracasar en nuestro intento de trascender el sufrimiento? No, en absoluto. Hay algo que sí podemos hacer.

Hay algo que podemos hacer, con esfuerzo es cierto porque requiere constancia y empeño… pero que resulta absolutamente transformador, a mi me está resultando absolutamente transformador. Y con esto volvemos al inicio de esta publicación… observa que ocurre en tu interior, sin rechazo ni aferramiento, sin buscar ninguna explicación que lo justifique… entregándote a la experiencia que en ese momento esté ocurriendo en tu momento. Y así poco a poco comenzarás a representar un personaje sin creerte que lo eres, sin identificarte con él porque empezarás a poner la conciencia en la experiencia, ajena a la narrativa de tu mente.

.… y entonces tu trabajo será sanar al personaje, conseguir que la narrativa que le crea se haya desecho de los nudos que lo amarran y que le empujan a relacionarse confusamente con la vida, tu trabajo será hacer de ese personaje, uno mejor cada día, más libre de miedos y expectativas, reconciliado con su pasado y en paz en su presente.

¿Se te ocurre, acaso, mejor manera de existir?

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Cuando no esperaba nada…

Junto estas dos frases, porque en mi experiencia, se complementan perfectamente.
“Cuando no esperaba nada, el todo me encontró”
“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos viajes, sino en tener nuevos ojos”.

La primera se ha ido repitiendo en mi vida a modo de mantra, y me ha conducido a la segunda como uno de las grandes lecciones de mi vida. Y todo al fin relacionado con una de las verdades que la filosofía budista encarna con tanta sabiduría, que el apego es una de las principales causas del sufrimiento. Mientras estamos en actitud de espera nos encontramos sumidos, sin darnos cuenta, en el apego.
Cuando esperamos algo estamos consciente o inconscientemente apegados al resultado de aquello que anhelamos, limitando de esta manera poder descubrir aquello que día tras día ocurre y que simplemente no vemos por la ceguera autoimpuesta. Y de este modo, cansada de sufrir, un día decidí que intentaría rendirme, rendirme a mi, rendirme al universo y rendirme a la vida y decidí también que trataría de extraer de cada segundo vivido la experiencia que llenara mi presente. Tarea que no es fácil pero tarea que ocupa cada día un instante mas y me lleva por tanto cada día, un segundo mas a vivir en el presente.

Y así es que dejé de esperar y comencé a encontrar. Deje de esperar y comencé a descubrir instantes maravillosos simplemente escuchando un pajarillo, oliendo una flor en primavera o sintiendo una emoción generada en mi cuerpo. Empecé a dejarme sorprender, repitiéndome a mi misma que ese preciso instante nunca jamás iba a poder experimentarlo de nuevo.
¿Os dais cuenta? Cada segundo vivido es irrepetible y qué poca atención les prestamos!!. Y así cuando dejas de esperar comienzas a encontrar por doquier para terminar enamorándote al experimentar lo que la vida te da.

De esta forma me inunda aquello de “solo por hoy… se agradecido”

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